Familia Dehoniana | Carta de Navidad del Superior General, P. Carlos Luis Súarez Codorniú
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Carta de Navidad del Superior General, P. Carlos Luis Súarez Codorniú

Carta de Navidad del Superior General, P. Carlos Luis Súarez Codorniú

A todos los miembros de la Familia Dehoniana

Carta de Navidad 2018

Volver a Belén

Queridos hermanos y todos los miembros de la Familia Dehoniana, Este tiempo del año nos habla de caminos. La voz de los profetas llama a reparar los que quedaron dañados y a construir otros nuevos para seguir encauzando la vida. Y de caminantes, más que de caminos, nos habla la voz del Evangelio de estos días: una pareja joven de Nazaret, unos sabios venidos de lejos y un grupo de pastores sorprendidos en su trabajo. Todos caminaron. Ninguno de ellos caminó solo.

Para muchos María y José tan solo cumplían con lo mandado, pero lo cierto es que ya antes ambos habían iniciado un camino apasionante. Les acompañaban la fe y la solidaridad entrañable que los unía y, por encima de todo, el querer siempre bueno de Dios. Los pastores, por su parte, sabiéndose invitados y testigos del buen hacer del Pastor de su pueblo, vencieron sus temores y caminaron en la noche. Les acompañaba la alegría compartida de un mañana diverso que iniciaba aquella misma noche ante sus ojos bien abiertos. Los otros, los más lejanos, eran extranjeros, sí, pero sobre todo sabios, porque sabían bien que para llegar a donde se debe toca discernir y dejarse guiar. Ninguno de estos caminantes quedó defraudado. El encuentro con Jesús iluminó sus rostros y sus culturas. Nadie se sintió extraño y ninguno hizo que el otro lo fuera. El único que quedó extraño en todo esto fue Herodes. Él mismo quiso ser extraño al quedarse por fuera. No quiso descentrarse, y menos aún ponerse en camino y caminar con otros. Quedó enjaulado en su poder. Todos los demás fueron capaces de entrar en Belén. Son ellos, los sencillos, los que se dejan sorprender, los que no ambicionan poder ni prestigio, los inquietos, los que buscan la verdad, quienes nos siguen enseñando la vía a recorrer y cómo hacerlo. En este año, precisamente, la voz del XXIV Capítulo General que hemos celebrado nos invita a seguir haciendo camino juntos, creciendo en la cultura sinodal. Se trata de caminar a la luz del Espíritu, haciendo cada día y en todo más espacio a la Buena Noticia que nos llega en Jesús.

Es desde ahí, es desde Él, que tiene vida y sabor nuestro andar: «Su Camino es nuestro camino» (Cst. 12). Este es el patrimonio vivo que nos legó el P. Dehon. Nos toca acogerlo, vivirlo y compartirlo. En este diciembre, además, recordamos que hace 150 años se preparaba a celebrar su primera Navidad como sacerdote. Su ministerio en la Iglesia fue un continuo aprender a caminar con otros y para los otros. Si fue así es porque aprendió bien el recorrido a Belén. Contemplando una y otra vez lo que allí acontece, la vida de nuestro Fundador se fue dinamizando. Belén, la Noche santa de la Navidad, fue para él lugar de inicio. Allí aprendió a estar y a caminar con Dios para salir de su mano al encuentro de otros, encaminando el paso para encontrar y acompañar a los que entonces reconoció más necesitados de atención y cuidado, entre ellos la juventud cercana, sin dejar de buscar nunca nuevos horizontes: «Où faut-il aller? Je suis prêt : “Ecce venio!”. Faut-il aller à Bethléem, à Nazareth, en Égypte, en Galilée? “Ecce venio!”». [«¿A dónde hay que ir? Estoy preparado. “¡Ecce venio!”. ¿Hay que ir a Belén, a Nazaret, a Egipto, a Galilea? “¡Ecce venio!”.»] (CAM 1/63). Es tiempo de volver a Belén, de entrar en Belén. No nos quedemos afuera, extrañados, solitarios, porque en Belén encontraremos siempre cercanía y ternura, restauro y aliento para seguir adelante en las etapas que sigan. Belén es testimonio vivo y misión compartida. «[…] Ojalá el mundo actual – que busca a veces con angustia, a veces con esperanza – pueda así recibir la Buena Nueva, no a través de evangelizadores tristes y desalentados, impacientes o ansiosos, sino a través de ministros del Evangelio, cuya vida irradia el fervor de quienes han recibido, ante todo en sí mismos, la alegría de Cristo»1 . Les deseamos una feliz Navidad y un año nuevo lleno de ilusión y generosidad para seguir caminando juntos y atentos al hoy de Dios para nosotros.

In Corde Iesu,

P. Carlos Luis Súarez Codorniú, scj

Superior General y su Consejo